"Celebramos agradecidas los logros cotidianos de muchos hermanos y hermanas que se han adelantado en la búsqueda de otro mundo posible. Junto con ellos y ellas, fortalecidas por el Espíritu, queremos seguir buscando el rostro de Dios en nuestra historia" (Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús. Capítulo 2008)

miércoles, 7 de junio de 2017

Testimonios de Religiosas del Sagrado Corazón

Comencé a trabajar en Traperos de Emaús de Navarra hace once años y, rápidamente, el trabajo se convirtió en un estilo de relación muy concreto en mi vida cotidiana. En Traperos de Emaús, las personas más frágiles tienen un espacio protegido para poder  desarrollarse con libertad teniendo en cuenta sus respectivas peculiaridades. Es una vivencia colectiva con elementos clave, como son el  respeto, la convivencia, lo personal, la diversidad, el trabajo, el cuidado del medio ambiente y, todo esto, desde la convicción de la importancia de la solidaridad y del compartir, como  modelo de vida.      

Además de la actividad laboral (reciclaje y reutilización), el trabajo “codo a codo” (relación en proximidad) es lo que da sentido a mi tarea junto a la formación, el seguimiento y acompañamiento.
La posibilidad de crear, con otras personas, un espacio donde convivimos gente diversa, en un marco social y laboral “alternativo” en el que la persona es lo importante y donde trabajamos también por cuidar la naturaleza, es una concreción de que un mundo más humano es posible.

En medio de todo esto y, fundamentalmente, en la relación con los compañeros y compañeras me encuentro con el Dios de la Vida que se muestra en el día a día, en gestos que rezuman humanidad, cercanía, cordialidad y acogida.

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